Y contradiciendome una vez más, vuelvo a escribirte. Por suerte para mí, no de la misma forma que en el resto de textos. Hace unos meses te perdí, nos perdimos. Perdí a mi mejor amigo y ”novio”, siempre odié llamarte así. Pero ahora tengo una mejor amiga a la que, aunque a veces mataría, no cambiaría por nada del mundo. He conocido a alguien que, sin esperarlo, cumple todas mis expectativas de hombre perfecto, pero por fortuna o por desgracia, no lo aprovecharé. No estás, pero yo si y perfectamente. Es cierto que todo me importa menos, pero estoy en paz conmigo misma y eso me hace sentirme bien. En mi vida no hay tantas risas como cuando estabas pero poco a poco van llegando y como siempre, por tonterías. Tu nombre se va borrando progresivamente de mi, cosa que agradezco. No pido que me eches de menos, ni siquiera que pienses en mí. No pido nada que tenga que ver contigo, no creas que te odio porque, por muy raro que parezca, desde que no estás no odio a nadie. Sigo sitiendo devoción por el color marrón y el azul no se queda atrás. Creo que te sentirías orgulloso si supieras que ya no tengo ídola, por fin me ha entrado en la cabeza todo aquello que repetías. Y yo, me sentiría orgullosa si supiera que sigues siendo fiel a ti mismo, aunque sé que eso no es así. Ya no sé que más decirte, pero sé que volveré a escribir aquí dentro de poco. Tengo que irme a intentar quitarme esa manía tan fea que dejaste en mí: llegar tarde a todos lados.
Y aquí estoy otra vez, rompiendo las promesas que me hago a mi misma. Hablando, llorando y pensando en ti. Ya han pasado dos meses y no avanzo nada, es más cada vez te echo más de menos. Sé que soy estúpida por creer que a ti te pasa lo mismo. Has cambiado, no pensarás en mi y, conociéndote un poco, hasta te arrepentirás de todo lo que hemos vivido. Cuando esto acabó te dije que me arrepentía de todo lo que habíamos vivido pero jamás podría arrepentirme de haber tenido eso que siempre soñé. Enamorarme de alguien que lo estuviera de mí, entendernos en todo, pelearnos por nada para después acabar riendonos de nuestros problemas. Los paseos por la playa y esas ganas de comernos donde y cuando fuera. Fue intenso y ahora el dolor también lo es. Fuimos muy grandes y si estamos destinados, ya nos volveremos a encontrar. Es la única esperanza que me queda por ahora.
Sigues llenando el vaso de cosas decepciones, no te das cuenta de que ya se salen todo. Deberías parar, por tu bien. Creo que ya me lo espero todo de ti. Me agradezco el haberte echado y te agradezco no haber puesto resistencia. No sé que intentas, pero si así eres feliz, todo perfecto. Yo también lo soy. Espero que esto sea lo último que te escriba, ya es demasiado para lo que te mereces. Es más bien una despedida, porque me das asco. Hasta nunca. Arde en el infierno.
Otra de las nuestras.
Odio todo esto. Odio estas estúpidas modas. Odio que todos os esteís convirtiendo en réplicas. Se os puede clasificar en ‘Garrulos’, ‘Skaters’, ‘Pijos’, ‘punks’ o los que van de alternativos, de otro rollo. Pero en realidad todos tienen algo en común, son iguales. Cada uno es igual a su grupo. Odio que no estés. Odio sentirme sola. Odio en lo que te estás convirtiendo. Odio que no vengas a salvarme. Odio echarte de menos. Odio que sea invierno. Odio tener que hacer cosas que no quiero para sacarte de mi cabeza durante unas horas, porque después, vuelves a aparecer con tu indiferencia. No sé que soy. Empiezo a odiarme a mi también. Intento ser fría, pero no puedo. Intento odiarte, pero es imposible. ¿Cómo lo has hecho? ¿Cómo me has olvidado tan rápido? Decías que me querías, decías que lucharías. Aparece otra vez, por favor. Búscame, te necesito. Pero no me digas que estás bien sin mí, sé que lo estás, pero no quiero escucharlo de tu boca. ¿Dónde cojones se ha quedado todo? ¡¿Dónde?! ¿Y los paseos por Benidorm? ¿Y las tardes en mi habitación? ¿Y las partidas de tenis? ¿Y los polos de leche? ¿Y nuestro Molto Piú? ¿Y los vientos? ¿Y Maricielo…? ¿Y nuestros candados? ¿Y las canciones de pereza en tu habitación, riendonos y dándonos besos? ¿Y nuestras risas, esas que nadie más entendía? ¿Y nuestras películas? ¿Y aquellas que no vimos? ¿Y las cartas? ¿Y las miradas? ¿Y las lágrimas de felicidad? ¿Y los abrazos? ¿Y el olor de tu pelo, y del mío? ¿Y ese concierto que me prometiste? ¿Y mi estrella? ¿Y los masajes? Vuelve, porque odio esto.
Mírame a los ojos. Veo los tuyos, siguen en la misma posición que hace un año y, sin embargo parecen pertenecer a alguien desconocido con restos tuyos. Sabes que has cambiado, no haces nada para evitarlo. Te estás convirtiendo en uno más. Eras alguien grande, muy grande. No digo que ahora no lo seas, claro que lo sigues siendo, y un genio en lo tuyo. Pero echo de menos aquel chico dulce de mirada amable y gestos delicados. Ahora, hay momentos en los que te tengo miedo. Como dice Pereza ‘nos quedan dos miradas’. Sé que cuando esto se acabe tú me odiarás por seguir siendo quien soy. Pero dentro de unos años, nos cruzaremos y entonces te darás cuenta de todo.
Días de lluvia, mis favoritos. Me encanta el sonido que hace la lluvia al llegar al suelo. Me encanta la temperatura que hace, perfecta para pasar la tarde con una manta y un chocolate caliente, diría que con una buena compañía todo mejora, pero ahora mismo no tengo disponible a esa compañía. Hay veces en las que me siento demasiado feliz y salgo cuando llueve, notar cada gota cayéndome por el cuerpo, me hacen sentirme viva. No necesito fumar, ni beber, ni gritar para sentirme viva, sólo unas gotas de agua. Puede parecer extraño, pero sé que no soy la única que sonríe con días como hoy. Ahora después, terminaré de relajarme con un baño de agua muy caliente a ritmo de Scarlet Rose y de Comptine d’autre.
Empiezo a ver lo equivocada que estaba, respecto a todo, respecto a ti. Me gustaba creer que yo era tu razón para sonreir, que yo era algo parecido a un pilar en tu vida. Pero las cosas son muy distintas. Mi único error ha sido darme cuenta tan tarde, puede ser que yo misma haya querido retrasar esto, por amor. Pero ya no hay amor que valga. Tú estás en tu mundo de músico, donde no hay hueco para mí. Para el resto sí, porque te acompañan. Pero para mí, que soy tan distinta, no. Pero hay algo bueno en esto…ya no lloró. Me siento fuerte por no llorar al recordar eso. No negaré que duele, pero ya no tanto como antes. Y,¿sabes por qué? Porque tú ya no eres el mismo de antes, te estás convirtiendo en algo que no eres. Y eso hace que, ya no te quiera tanto. Quiero recordar todo lo que fuimos para tener fuerzas para seguir ahora. Pero cariño, tenemos los días contados. No creo que te importe y a mí, está dejando de hacerlo. Es cierto que me siento sola últimamente, solía creer que tú siempre me acompañarías. Pero alguien me hará compañia, y ese alguien, también me devolverá la sonrisa. Vaya, me está costando no llorar, tengo que reconocerlo… Pero hoy no me lo voy a permitir, hoy me siento fuerte como ya he dicho antes. Fuimos algo muy grande.
